martes, 1 de abril de 2025

Sobre "La Ruta de las Campanas"


Sábado apenas anochecido. Vamos con una amiga a la iglesia ubicada en Mendoza y Corrientes. Nunca había leído su nombre, ahora lo sé: Santa Rosa de Lima. No vamos a misa. Vamos a escuchar un concierto de campanas. Fue una idea soñada por otra amiga, y qué suerte que sea mi amiga, Emiliana Arias. Por un rato la ciudad se transformó en un gran instrumento musical, al accionarse muchos campanarios a la vez, por distintos barrios. La mayoría de las campanas en la ciudad están silenciadas hace años (categorizadas como "ruidos molestos" por los vecinos) pero Emiliana las despertó de su letargo dogmático. La Ruta de las Campanas es ahora un libro, un acontecimiento cultural y una nueva tradición local. 

A las 20.30 comenzaron a sonar. Yo sólo conocía el monótono repiqueteo de las horas; esta vez las campanas dibujaban melodías. Era como un xilofón gigante. Al dejarme llevar por la música, sentía un burbujeo en el pecho. Más tarde mi amiga señaló la misma parte de su cuerpo al narrarme su vivencia. Grabé algunos segundos con el celular para sumarme al registro colectivo, pero obviamente sentí que el dispositivo entorpecía mi experiencia. Lo guardé y seguí mirando la cúpula de la iglesia, escuchando.

A las 20.37 terminó el concierto. De la iglesia salió otra amiga artista, Silvia Lenardón, que estuvo registrando de cerca a los campaneros. Nos contó que llevaban protectores en las orejas (ahora me parece obvio y necesario pero en el momento no lo había pensado). Ella estaba ubicada en un sector más abajo y también nos contó su experiencia con la vibración.

Nos dirigimos hacia la Plaza 25 de Mayo, a escuchar el segundo concierto. Caminamos rápido y llegamos para los últimos minutos, pero fueron gloriosos. La campana de la catedral y la campana de la municipalidad conversando. Ni siquiera sabía que había campanas en la terraza de la municipalidad, ni había observado en detalle la que está en una arcada de la catedral. Hace falta tanto tiempo y trabajo para que logremos apreciar lo que está más cerca. Gracias Emiliana, por este sueño compartido. Le hice el chiste de que con todas esas vibraciones celestiales, iba a lograr exorcizar la ciudad.